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UMA MIRADA PARA LA DIVERSIDAD





Cuando me doy cuenta de que me estoy poniendo tenso o desequilibrado una de mis formas favoritas de volver a un estado de calma y equilibrio es caminar o sentarme en medio de la naturaleza.

Encuentra un lugar tranquilo al aire libre, tal vez un parque o jardín. Usa tus sentidos para sumergirte en la experiencia de estar al aire libre. Centra tu atención en la experiencia de la naturaleza: visión, oído, tacto, olfato.


Observa a los pájaros: fíjate en sus colores, en su canto. Mira las plantas: fíjate en la forma y textura de sus hojas, ¿qué está creciendo en la corteza? Fíjate en las flores: fíjate en los colores, ¿cuál es el patrón de sus pétalos? Escucha el viento en los árboles o corre de las aguas en las rocas. No es necesario analizar las imágenes y los sonidos o etiquetarlos, solo observe sus cualidades.


Cuanto más silenciemos nuestras mentes y nos concentremos profundamente, más nos daremos cuenta. Esto puede ser cierto tanto fuera de nosotros como dentro de nosotros. Si bien puede no parecer cierto, el estado natural de nuestra mente es uno de calma y relajación.


La belleza de tomarnos el tiempo para regresar a nuestro estado mental natural es que nos recuerda que no necesitamos ser atormentados por nuestros deseos, pensamientos y temores. Cuando estamos en nuestra mente meditativa podemos experimentar pensamientos y emociones sin represiones, pero también sin reaccionar o satisfacer estos aspectos de nuestra mente.


El tiempo que pasamos en la naturaleza despierta algo dentro de nosotros y nos ayuda a restablecernos a un ritmo más natural.


Por Steve Foss/Brasil



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