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BUEN VIVIR: AL SERVICIO DE LA MADRE TIERRA DE LA REFORESTANDO LA ARMONÍA DE VIVIR







Imagen general de montañas verdes en relieve que se extienden en la distancia.
Foto de Qingbao Meng no Unsplash

Cuando piensas en seva, ¿qué te viene a la mente?


¿A quién te imaginas siendo servido?


¿Por si acaso pensaste en la naturaleza, también llamada Pachamama o Gaia?



A lo largo de nuestro trabajo, enfocados en servir a los que sirven, nos damos cuenta de que nuestro mayor ejemplo, lo que más nos inspira, es la forma en que la naturaleza se comporta con todos los seres, sirviendo indistinta e incansablemente.


Y en estos tiempos de incertidumbre debido a la crisis climática, hay un despertar cada vez más global de que nuestra forma de vida debe ser menos individualista y más solidaria y sostenible. Se hace urgente restablecer una relación amorosa, armoniosa y respetuosa con todos los aspectos de la naturaleza si realmente queremos tener sentido y continuar con nuestra existencia como especie. Porque este super organismo que nos sirve, nos acoge y nos sostiene ilimitadamente está clamando para que lo cuidemos.


La historia humana tiene su próspero comienzo como especie, en profunda simbiosis con la naturaleza. Y a lo largo de la historia humana, e incluso después del sesgo renacentista que consolidó la supremacía humana sobre todo lo demás, siempre hubo quienes estaban sirviendo al cuerpo de la Tierra.


Y en las últimas décadas, más precisamente desde 1972, con la Conferencia de Estocolmo, la demanda de construir una estructura de una relación más simbiótica con la naturaleza ha vuelto a salir a la luz nuevamente con la emergencia climática, que está ganando cada vez más relevancia en el entorno científico, en el ámbito de las políticas públicas y en la concientización y el compromiso de la población humana en general, especialmente de los más jóvenes.


Desde entonces, hemos experimentado una intensificación de las alteraciones en el escenario natural y todas las catástrofes y problemas biosociales que surgen con creciente ímpetu y una consiguiente invitación para que cada uno de nosotros cambie la lógica de nuestras vidas. Una lógica impuesta durante siglos y que en su antropocentrismo, "vive para asfixiar la vida y el mundo de la vida", como dice bolívar Echeverría, filósofo ecuatoriano.


Es en esta perspectiva que las formas de vida que reexistieron la pasteurización de la cultura colonizadora patriarcal están ganando atención. Y es en este contexto que el Buen Vivir emerge como otra perspectiva.

El Buen Vivir



Hombre indígena visto de perfil, vestido con ropa típica, con la cabeza cubierta con un gorro de lana blanca, abrigo de lana blanca y mochila blanca, mirando hacia abajo, sosteniendo un hilo en sus manos. Al fondo, hojas de plátano y montañas en la distancia.
Foto de Berend Leupen en Unsplash

Según Alberto Acosta en su libro El Buen Vivir: Una Oportunidad para Imaginar Otros Mundos, "las expresiones más conocidas del Buen Vivir se refieren a lenguas originarias de Ecuador y Bolivia: en el primer caso es Buen Vivir o Sumak Kawsay, en kíchwa, y en el segundo, Vivir Bien o Suma Qamaña, en aymara, además de también aparecer como Nhandereko, en guaraní.


Hay conceptos similares entre otros pueblos indígenas, como los mapuches de Chile, los kunas de Panamá, los shuar y los achuar de la Amazonía ecuatoriana, y en las tradiciones mayas de Guatemala y Chiapas, México".


Este principio de vida que se basa en la cosmovisión ancestral de estos pueblos andinos sostiene, al igual que el concepto sudafricano de ubuntu, que el bienestar de un individuo solo puede lograrse a través de relaciones armónicas con la comunidad de forma más amplia, lo que incluye a las personas, al medio ambiente, otros seres vivos, sus antepasados, el mundo espiritual y el Cosmos.


En la práctica, esta cosmovisión implica un conjunto organizado, co-participativo, corresponsable, sostenible y dinámico de los sistemas económicos, políticos, socioculturales y ambientales, donde existe una relación diferente con la naturaleza, privilegiándola, así como las relaciones comunitarias, y teniendo en consideración la interconexión de todos los elementos que juntos forman el Todo, asegurando así la realización de una vida más plena, la realización del Buen Vivir.


Hay varios caminos posibles de emprender el Buen Vivir, por lo que hay quienes se refieren a esta nueva ruta posible como Buenos Vivires y Buenas Convivencias. En cualquier caso, la voz de los pueblos originarios es cada vez más alta, empeñándose por reforestar las perspectivas humanas sobre las formas del Buen Vivir.


En este sentido, Alberto Acosta añade que "El Buen Vivir no sintetiza ninguna propuesta totalmente elaborada, menos aún indiscutible. El Buen Vivir no tiene la intención de asumir el papel de un imperativo global, como sucedió con el [concepto de] desarrollo a mediados del siglo 20. El Buen Vivir es, por un lado, un camino que hay que imaginarlo para ser construido, pero que, por otro lado, ya es una realidad. El Buen Vivir será entonces una tarea de (re)construcción que implica desarmar el objetivo universal del progreso en su versión productivista y del desarrollo mientras sea de una sola dirección, especialmente en su visión mecanicista del crecimiento económico y sus múltiples sinónimos".


Desde esta perspectiva, los caminos de acción son varios y todos importan. Desde las opciones más sencillas -lo que no significa fácil y asequible- como el consumo de productos agroecológicos locales o con sello de origen u orgánicos, la reducción del consumo de productos de origen animal, la investigación de la mano de obra empleada en la cadena productiva de la que consumimos, la presión pública para que los gobiernos actúen por un bien colectivo mayor y el apoyo a las instituciones locales comprometidas con el bienestar del planeta, son más que acciones activistas, son formas de impulsar la promulgación de leyes y políticas públicas que favorezcan la naturaleza y su biodiversidad, la calidad de vida comunitaria, el combate efectivo contra el hambre en países donde la desigualdad social es abismal.


En este camino es que El Buen Vivir es una forma de estar en el mundo que está siendo considerado por comunidades externas a los pueblos originarios y que invitamos a cada uno que compone nuestra red a experimentar y asumir a través de los principios sociales y ambientales que se traducen en soberanía alimentaria, los derechos de la tierra, justicia ambiental, la solidaridad económica, protección de la biodiversidad local, entre otros.


Seva por la perspectiva del Buen Vivir



Mujer indígena dando las espaldas y de pie, vistiendo  un poncho azul y rojo y con flores en la espalda, camina de la mano de una niña pequeño que sube a una montaña.
Foto de Azzedine Rouichi en Unsplash

Lo más importante que nos presenta el Buen Vivir es la invitación a superar las distancias entre nuestros discursos y nuestras prácticas. Por nuestras palabras para caminar, como nos señala otra sabiduría indígena. Además, construir puentes entre los conocimientos ancestrales y las vidas actuales.

En una sociedad de soledades, como nos advierte el periodista uruguayo Eduardo Galeano4, "que se encuentran y se desarticulan sin reconocerse", y cuyo desafío es romper con las estructuras de "un mundo organizado para desvincularse, donde el otro es siempre una amenaza y nunca una promesa"5, cualquier forma que nos coloque en contacto genuino con el otro, que nos abra a una experiencia de escuchar profundamente, que permita una convivencia con lo desconocido que es cualquier otro ser, es una oportunidad para reforestar nuestra forma de existir y vivir en este mundo.

Es por eso que el camino del Buen Vivir es una inspiración para la experiencia de seva, es decir, de acoger, cuidar, nutrir, cooperar. Aquello que está en la esencia de la naturaleza, así como en la raíz de nuestra existencia armónica como seres naturales. El Buen Vivir es un mapa que puede inspirarnos a buscar en nuestra realidad - interna y externa - cómo vivir una vida más cooperativa, acogedora, celosa.

Pues seva es más que una acción, es un estilo de vida, es una oportunidad para alinear a través de la acción lo que esperamos para el mundo, para nuestras vidas, con lo que, de hecho, logramos en nuestra con-vivencia. Y no desde una perspectiva romántica. Es a través de cada paso que conseguimos alinearnos a través del desafío que es abrirnos para acoger las necesidades que nos llegan en un espacio del no juicio y la disposición de estar juntos, que podemos reforestarnos y sembrar una vida capaz de resistir y sobrevivir a la gran crisis de este cuerpo vivo que nos carga, cuyos síntomas están apenas empezando.


Sirva hoy, sirva con lo que tenga



niño negro, con una carretera y otro niño en el fondo borroso, con la mano cruzando un cordón en primer plano, formando una red.
Foto de Alex Radelich en Unsplash

Seguimos con la intención de inspirar, por mucho que las veredas que nos inspiran sean a veces inhóspitas. Es por ello que terminamos este texto inspirándolos a ustedes que vinieron hasta aquí a aventurarse, a dar un primer paso en dirección hacia la apertura mutua. Sea cualquiera el paso. Quienquiera que sea este otro.

El Buen Vivir nos inspira precisamente a entender que el otro es mucho más que nuestros semejantes. Cada ser vivo es nada menos que nuestros parientes, como nos enseñan los pueblos originarios, porque cada ser tiene un papel en la tela del vivir armonioso.

Ya sea desde el campo o de la ciudad, en contacto directo o indirecto, hay infinitas maneras de ponerse en el camino de servir a la vida en su conjunto. Aquí compartimos algunas de nuestras inspiraciones tangibles para el día a día:

🌱 Darse cuenta de la diversidad de la vida que hay en su entorno;

🌱 Compre productos locales y agroecológicos/orgánicos;

🌱 Recicle residuos secos;

🌱 Componga sus residuos orgánicos;

🌱 Evite los desechables;

🌱 Reasigne y reutilice objetos;

🌱 Evite el uso de productos derivados del petróleo;

🌱 Interésese en los temas socio ambientales del lugar donde vive y dése cuenta de cómo sus habilidades y cualidades pueden colaborar;

🌱 Hable con quien esté cerca suyo.

Al final y al cabo, lo que añoranos es que cada uno que compone nuestra red se comprometa con una relación más consciente consigo mismo y un con-vivir más reforestado, abierto a las infinitas realidades que conforman el Buen Vivir. Porque como nos dice Alberto Acosta, "El Buen Vivir será para todos, o no lo será".



Ilustración del planeta Tierra en la distancia, rodeado de nubes, a la luz del día.
Foto de Sergey Nivens en Getty Images

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